U4_LA ARQUITECTURA EN LA HISTORIA 2

ALTO MEDIEVO (s. VI d.C. – Bizantino)

Durante el Alto Medievo, la arquitectura bizantina se caracteriza por ser mayoritariamente religiosa, con un gran cuidado en los interiores, mientras que los exteriores son discretos.

El Magnum Palatio, una ciudadela fortificada con palacios imperiales, instalaciones militares, edificios públicos y una treintena de iglesias, es el único conjunto arquitectónico civil de relevancia.

La proliferación de actividades de beneficencia impulsó la construcción de ospitios, hospitales y orfanatos, capaces de albergar entre 100 y 200 personas.

Se realizaron modificaciones en los ejes viarios para conectar los edificios religiosos como iglesias, martyria y monasterios urbanos.

Además, se empleó piedra reutilizada de edificaciones antiguas, ya sea por ahorro o por rapidez en las construcciones.

IIGLESIA SANTA SOFÍA

Santa Sofía, construida por el emperador Justiniano, es una de las obras más emblemáticas de la arquitectura bizantina y representa la unión entre el imperio y la iglesia. Este edificio combina elementos de los templos romanos con cúpula y de las basílicas romanas, configurándose como un cubo coronado por una cúpula que simboliza la conexión entre la tierra y el cielo.

La cúpula central, aunque no tan grande como la del Panteón, constituye un logro técnico y artístico destacado. Durante su construcción, surgieron problemas de estabilidad debido a la aparición de grietas, lo que llevó a reforzar su estructura con contrafuertes. Para su diseño, se emplearon pechinas cóncavo-triangulares que permiten la transición de la base cuadrada a la cúpula circular, consolidando así una solución innovadora en la arquitectura de la época.

En el interior, se buscó generar una atmósfera mística que transportara a los fieles a una dimensión espiritual completamente distinta de la vida cotidiana. Los mosaicos que recubren la cúpula, junto con la luz tenue que atraviesa sus aberturas, crean un efecto visual que pretende evocar un cielo en la tierra, otorgando al espacio un simbolismo profundo.

Santa Sofía se erige como un ejemplo de la arquitectura bizantina en su máxima expresión, donde la espiritualidad y el simbolismo se combinan con soluciones técnicas avanzadas, creando un legado arquitectónico que perdura como testimonio de una época de profunda transformación cultural y religiosa.

ARQUITECTURA MILITAR

La arquitectura militar bizantina reflejó un cambio significativo hacia un estilo defensivo, especialmente en las ciudades de las periferias del imperio. Las dimensiones de las ciudades tendieron a reducirse, y las nuevas urbes se desarrollaron en superficies más pequeñas, permitiendo una mejor concentración de recursos y defensa frente a ataques externos.

Se le dio gran importancia a la construcción y mantenimiento de sistemas defensivos, como murallas y estructuras de distribución de agua. Entre las innovaciones aportadas destacan los matacanes en los caminos de ronda, que permitían a los defensores arrojar proyectiles o líquidos sobre los atacantes. Asimismo, se introdujeron elementos como persianas que reforzaban los accesos.

El emperador Justiniano lideró un ambicioso programa de fortificación, restaurando antiguas murallas y añadiendo centros fortificados, transformando las ciudades en verdaderas plazas fuertes militares. Un ejemplo notable es la Muralla de Teodosio en Constantinopla, un sistema defensivo icónico que protegió la ciudad durante siglos

ALTO MEDIEVO (VI-VIII)

Durante el Alto Medioevo, se produjo una transformación en el sistema de gobierno tras la caída del Imperio Romano, con la adopción de un sistema piramidal de vasallaje y control territorial. Este sistema se estructuró en reinos, condados, ducados y marquesados, cada uno con sus territorios asociados.

En el ámbito arquitectónico, destaca la aparición de la arquitectura prerrománica, marcada por la continuidad de la tradición cristiana a través de la construcción de iglesias y monasterios. Una de las tipologías más emblemáticas de este periodo fueron los castillos, que comenzaron a surgir hacia el siglo VIII y se extendieron por toda Europa como centros de poder y defensa.

Entre los estilos y reinos más destacados del Alto Medioevo se encuentran los longobardos (siglos VI-VIII), los visigodos (siglos VII-VIII), los carolingios (siglo IX) y los sajones (siglos IX-X), cada uno aportando características únicas a la arquitectura y organización territorial de esta época.

LONGOBARDOS (VI-VIII

Los longobardos (siglos VI-VIII) fueron poblaciones romanizadas que adoptaron el cristianismo a partir del siglo V. Sin una tradición arquitectónica propia ni familiaridad con la construcción en piedra debido a su carácter nómada, desarrollaron un estilo uniforme. Este estilo se adaptó según los promotores, basándose en el uso ideológico y consciente de elementos espoliados de edificios romanos, que eran reutilizados con un carácter simbólico y bien integrados con nuevos elementos de calidad.

Destacaron en la orfebrería, aplicando pastas vítreas y piedras coloreadas a elementos arquitectónicos, dándoles un aspecto similar a las joyas. La actividad arquitectónica de los longobardos se centró principalmente en el norte de Italia, aunque muchas obras se han perdido debido a reconstrucciones y modificaciones posteriores.

Su legado refleja una combinación de influencias romanas y cristianas, marcando un período de transición en la arquitectura medieval temprana.

VISIGODOS (VII-VIII)

Durante los siglos VII y VIII, los visigodos desarrollaron una arquitectura eclesiástica que retomaba el modelo de la basílica romana tradicional. Esta tipología se enriqueció con una planta central y formas másticas influenciadas por las áreas egea y siria.

Entre las obras más destacadas de este período se encuentran las iglesias de San Juan de Baños, San Pedro de la Nave y São Frutuoso de Montelios, las cuales ejemplifican esta fusión de estilos y la consolidación de una identidad arquitectónica visigoda dentro del contexto medieval.

CAROLINGIOS (IX)

En el periodo carolingio (siglo IX), se destacó una voluntad de reafirmar el arte clásico, con el objetivo de emular el legado del Imperio Romano. Este enfoque implicó una recuperación sistemática de influencias artísticas (renovatio) que buscaban legitimar y celebrar el imperio carolingio.

La religión desempeñó un papel crucial, con la construcción de monasterios que extendieron una nueva cultura por Europa y participaron en la administración territorial. Por primera vez, se edificaron estructuras monumentales como palacios, catedrales y monasterios. Entre ellos, destaca el Palacio de Aquisgrán con su capilla Palatina, que integraba modelos romanos con influencias paleocristianas, bizantinas y longobardas.

Una innovación arquitectónica importante fue el Westwerk, una estructura monumental adosada a las iglesias que servía para crear una fachada imponente.

SAJONES (OTONIANOS) (IX – X)

Durante la época sajona (otoniana) (siglos IX-X), tras la anarquía feudal postcarolingia, los otonianos retomaron el legado cultural y artístico carolingio, consolidando vínculos estilísticos y culturales con el cristianismo imperial.

Se centraron en la construcción de edificios religiosos como abadías y catedrales, inspirados en las basílicas romanas. Además, incorporaron elementos innovadores como el westwerk y las dobles ábsides, dotando a las estructuras de mayor monumentalidad.

Entre las innovaciones arquitectónicas destacan el uso de galerías o tribunas y la alternancia de soportes (pilares y columnas), elementos que anticiparon soluciones propias del románico.

ARQUITECTURA ISLÁMICA (s. VIII – XV)

Durante los siglos VIII al XV, la arquitectura islámica se desarrolló ampliamente en la península ibérica, dejando un legado de fortalezas y un complejo entramado urbano.

Un rasgo destacado es el uso recurrente de torres y agua. Las torres servían como elementos defensivos y miradores, mientras que los jardines incluían recorridos de agua y especies aromáticas, aportando frescura y belleza.

La arquitectura islámica introdujo nuevos tipos arquitectónicos, como las mezquitas (para culto, oración y reunión) y los baños (hamam), que cumplían funciones higiénicas y religiosas.

Su ornamentación, basada en motivos geométricos repetitivos, creaba ambientes únicos a través de juegos de luz, color y texturas. Se empleaban técnicas como la cerámica, el yeso, la escayola y los mocárabes, logrando un estilo inconfundible y profundamente simbólico.

ARQUITECTURA ROMÁNICA (s. X-XII)

El arte románico surgió entre los siglos X y XII, ligado al influjo normando y a la inestabilidad política de la época. En este contexto, los señores feudales fortificaron ciudades y construyeron castillos que combinaban funciones residenciales y militares.

La religión cristiana desempeñó un papel central, promoviendo la evangelización y dotando a la arquitectura y al arte de un marcado simbolismo. Los edificios religiosos, concebidos como «libros de piedra», se caracterizaban por sus proporciones robustas y formas macizas.

Arquitectónicamente, el románico se distinguió por el uso del arco de medio punto, las bóvedas romanas y el refuerzo de los muros mediante pilares y contrafuertes. Estas estructuras limitaban las aperturas, creando espacios solemnes y oscuros.

Gracias a la evangelización de las órdenes religiosas y a las peregrinaciones, el románico se expandió por toda Europa, dejando un legado arquitectónico de monasterios, abadías y hospitales con variantes locales que enriquecieron su estilo.

GÓTICO (s. XII-XVI)

El estilo gótico (s. XII-XV, extendiéndose hasta el XVI en algunos lugares) se desarrolló principalmente en regiones alejadas del contexto clásico y fue percibido como una evolución del arte de los bárbaros godos.

Con el ascenso de una clase media artesanal y comercial, los burgos se transformaron en centros de innovación artística y arquitectónica. Este contexto favoreció el surgimiento de un estilo monumental y vertical.

Una de las principales innovaciones fue el uso de los nervios diagonales, que reforzaban las bóvedas y permitían utilizar materiales más ligeros. Esto hizo posible la construcción de muros más delgados y estructuras más altas. A ello se suma el uso del arco ojival, cuya proporción y forma permitieron un mayor impulso hacia la verticalidad.

En este estilo, se priorizó la absorción vertical del peso frente al empuje lateral, lo que permitió edificaciones más esbeltas y luminosas, marcando una gran diferencia respecto a los estilos anteriores.

CATEDRALES GÓTICAS

Las catedrales góticas se concibieron como la casa de Dios, un espacio destinado a inspirar temor y reverencia, lo que justificaba la necesidad de alcanzar grandes alturas que desafiaban la escala humana. Este tipo de edificaciones sirvieron como campos de experimentación arquitectónica, incorporando avances como el arco apuntado y las bóvedas nervadas de crucería.

La innovación más emblemática fue el arco ojival, que permitió prácticamente eliminar los muros macizos, sustituyéndolos por membranas de vidrieras de colores que ilustraban escenas religiosas y aumentaban la altura de las naves, logrando un efecto de espiritualidad a través de la luz.

El diseño se mantuvo dentro de la tradición basilical, con naves paralelas y un transepto que destacaba el eje central, favoreciendo el desarrollo de elementos como la girola, las capillas radiales y el ábside.

En su estructura, el uso de piedra de sillería dio paso a materiales más ligeros en los paños, acompañados de vidrieras, que también se integraron en las cubiertas. Aparecieron sistemas innovadores como los arbotantes, que permitían distribuir el peso de las bóvedas hacia estructuras externas reforzadas por pináculos y agujas, potenciando el efecto de verticalidad.

Los interiores y exteriores destacaron por decoraciones llenas de simbolismo religioso, donde las esculturas alcanzaron un realismo naturalista que transmitía emociones y devoción, consolidándose como una de las máximas expresiones del arte gótico.

EDIFICIOS GÓTICOS CIVILES

Los edificios civiles se convierten en una manifestación de la nueva clase social burguesa y de sus exigencias sociales y económicas. En esta época se levantan ayuntamientos, palacios señoriales, universidades, fortalezas, baluartes, puentes y atarazanas, reflejo del dinamismo de la sociedad.

Gracias al auge del comercio y la artesanía, surgen lonjas comerciales y edificios gremiales. Un ejemplo destacado es la Lonja de la Seda de Valencia (1482-1548), obra iniciada por Pere Compte, que muestra la importancia de estos espacios para la actividad mercantil.

Los palacios señoriales son símbolos del poder y la administración. Un ejemplo representativo es el Palacio Ducal de Venecia, residencia del dux y ejemplo del esplendor de la República de Venecia. Su arquitectura, remodelada en el siglo XII, se destaca por el estilo gótico veneciano, lleno de ornamentación, tracería en fachada y el uso de colores vibrantes.

Por otro lado, los ayuntamientos reflejan la autonomía económica y política de las ciudades emergentes. El Comune de Brujas, construido en el siglo XV, destaca por su diseño con pináculos y hornacinas decoradas con figuras representativas, consolidándose como un modelo de prestigio urbano.

Estos edificios no solo responden a necesidades funcionales, sino que también se erigen como emblemas del crecimiento y el poder de las ciudades medievales en su proceso de transformación social y económica.

RENSACENTISMO (s.XV – XVI)

El Renacimiento, abarcando los siglos XV y XVI, marca una etapa de renovación cultural y artística, impulsada por el humanismo y el interés por la recuperación de la romanidad. Este periodo se distingue por el mecenazgo de mercaderes y banqueros, quienes se convierten en protectores del arte, encargando la construcción de palacios, plazas y ciudades ideales. Más tarde, los poderes religiosos se sumarían a este movimiento.

El pensamiento renacentista pone énfasis en el potencial humano, celebrando las capacidades intelectuales y la capacidad del hombre para dominar la naturaleza. El humanismo, como filosofía, da relevancia a los valores y logros humanos frente al dogma religioso.

La arquitectura renacentista se inspira en la antigüedad clásica, buscando igualar o superar los logros arquitectónicos y artísticos de esa época. Los arquitectos del Renacimiento retomaron los estudios de Vitruvio, explorando sus tratados y conceptos, como las figuras ideales de Platón: el círculo, cuadrado y triángulo equilátero. Estos principios se aplicaron a las proporciones y organización de los espacios arquitectónicos.

Además, la arquitectura renacentista se enfoca en una armonía racional, con diseños organizados a partir de proporciones numéricas precisas. Este enfoque crea espacios que reflejan el ideal de belleza y equilibrio inherente al ser humano.

FILIPPO BRUNELLESCHI 1377 – 1446

Filippo Brunelleschi (1377-1446), reconocido arquitecto, humanista, orfebre, escultor y matemático, fue pionero en la redescubrimiento de las leyes de la perspectiva matemática, aplicándola a la arquitectura para construir espacios racionales y armónicos. Consideraba la arquitectura como una ciencia matemática que operaba con unidades de espacio.

Brunelleschi revolucionó la manera tradicional de proyectar, superando el modelo medieval de las corporaciones artesanas y situando al arquitecto en la vanguardia intelectual. Su obra más emblemática es la cúpula de la catedral de Florencia, una obra monumental tanto por su diseño innovador como por su simbolismo cívico.

En 1418, ganó el concurso para solucionar el problema de construir la cúpula sin cimbras. El resultado fue un diseño de doble cáscara apoyado en nervaduras sobre un tambor octogonal, que representó un avance técnico significativo. La cúpula, completada en 16 años, era la más grande de su tipo desde la antigüedad y evocaba el desafío arquitectónico del Panteón romano.

Otro proyecto destacado de Brunelleschi fue el Hospital de los Inocentes (1419-1424), encargado por Juan de Medici, donde introdujo un sistema basado en proporciones matemáticas, como la igualdad entre la separación de las columnas y su altura, logrando espacios cúbicos armoniosos.

Brunelleschi no solo marcó un hito en la historia de la arquitectura, sino que redefinió el papel del arquitecto como un intelectual al servicio de la innovación y el progreso.

LEÓN BATTISTA ALBERTI 1404 – 1472

León Battista Alberti (1404-1472) fue uno de los arquitectos más destacados del Renacimiento, tanto en teoría como en práctica. Su legado incluye obras arquitectónicas en Florencia, Rímini y Mantua, entre otras ciudades, caracterizadas por una cuidadosa atención a la proporción, esencial en su concepción de la arquitectura.

Alberti es conocido por sus tratados teóricos, entre los que destacan: «De Pictura», «De Statua» y «De Re Aedificatoria» (compuesto por 10 libros). Este último, inspirado en los textos clásicos de Vitruvio, se convirtió en un referente fundamental para la teoría arquitectónica renacentista. Definió principios estéticos clave, como:

  • «La belleza es la armonía entre todas las partes del conjunto conforme a una norma determinada».
  • «El ornamento es una ayuda secundaria de la belleza, un elemento complementario».

En la práctica, Alberti realizó intervenciones notables como:

  • La remodelación del Palacio Rucellai en Florencia, donde proyectó una fachada innovadora que unificaba elementos arquitectónicos clásicos.
  • El Templo Malatestiano en Rímini, donde integró proporciones clásicas en una iglesia gótica. La fachada, inspirada en un arco de triunfo, anticipaba la realización de una cúpula similar a la del Panteón.

Su obra y teorías consolidaron el papel del arquitecto como intelectual y creativo, marcando un antes y un después en la historia de la arquitectura renacentista.

ANDREA PALLADIO 1508 – 1580

Andrea Palladio (1508-1580) fue un destacado arquitecto renacentista italiano cuya obra marcó profundamente el desarrollo de la arquitectura occidental. Inició su carrera como cantero a los 13 años y, gracias al mecenazgo del conde Trissino, un intelectual de la época, adquirió formación humanista que lo llevó a explorar los principios de la arquitectura clásica.

Palladio escribió «I Quattro Libri dell’Architettura», publicado en Venecia en 1570, un tratado esencial que analiza la arquitectura romana antigua, los órdenes clásicos y documenta sus propios proyectos. Este texto se convirtió en un manual imprescindible para arquitectos posteriores, consolidando su influencia en la historia de la arquitectura.

Entre sus contribuciones más significativas se encuentran más de cuarenta villas diseñadas para la nobleza veneciana en las cercanías de Vicenza y Venecia. Aplicó principios de proporcionalidad derivados de la música, desarrollando sistemas matemáticos que daban equilibrio y funcionalidad a sus diseños. La Villa Capra (conocida como La Rotonda) destaca por su simetría perfecta, con una cúpula central rodeada de cuatro pórticos de estilo jónico, integrando elementos de los templos clásicos en un contexto residencial.

Además, Palladio dejó una importante huella en la arquitectura religiosa. Iglesias como San Giorgio Maggiore y el Redentore en Venecia evidencian su capacidad para combinar monumentalidad y sencillez, utilizando proporciones clásicas para crear espacios de gran espiritualidad y belleza.

Su obra también abarcó proyectos teatrales como el Teatro Olímpico, un espacio que refleja su profundo conocimiento del diseño clásico y su habilidad para integrar la perspectiva en espacios cerrados. A lo largo de su carrera, Palladio reinterpretó los modelos arquitectónicos clásicos para adaptarlos a las necesidades de su tiempo, generando un estilo que trascendió fronteras y que influiría en movimientos posteriores como el neoclasicismo y la arquitectura palladiana en Inglaterra y Estados Unidos.

MICHELANGELO BUONARROTTI 1475 – 1564

Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) fue uno de los artistas más influyentes del Renacimiento, destacándose como escultor, pintor y arquitecto. Su trayectoria abarcó importantes proyectos en Florencia y Roma, trabajando para la familia Médicis y varios papas. Su obra ilustra la transición entre el Renacimiento y el Manierismo, manipulando los elementos clásicos para generar nuevas interpretaciones del diseño tradicional.

En arquitectura, Miguel Ángel combinó formas cóncavas y convexas con curvas y ángulos rectos, como se aprecia en la Biblioteca Laurenziana, creando espacios con movimiento y tensión. Aquí, la escalera juega un papel crucial como protagonista, mostrando un enfoque escultural que desafiaba los principios clásicos.

En Roma, lideró la reurbanización de la colina Capitolina (Campidoglio), donde diseñó un recorrido urbano que conectaba diversas áreas mediante nuevas fachadas. Introdujo un óvalo en lugar del círculo clásico en la gran escalinata central, estableciendo un dinamismo único al integrar óvalos y trapecios como contrapuntos visuales.

Hacia 1530, buscó una mayor expresividad formal, alejándose de la rigidez clásica y explorando un sensualismo que abriría camino al Manierismo. Este enfoque introdujo variaciones que mantenían las normas clásicas, pero con insinuaciones que anticipaban el Barroco.

Su obra arquitectónica reflejó no solo su dominio técnico, sino también su capacidad para reinterpretar los principios clásicos, creando una síntesis innovadora que influiría en el desarrollo posterior del arte y la arquitectura.

BARROCO (s.XVII – XVIII)

El Barroco, surgido entre los siglos XVII y XVIII, debe su nombre al término «barrueco», que en un principio tenía una connotación despectiva, referido a una «perla imperfecta». Esta etapa está profundamente ligada a la monarquía, la aristocracia y la Iglesia, instituciones que utilizaron el arte y la arquitectura como herramientas de propaganda y glorificación del poder, en un contexto de formación de estados nacionales y reafirmación de la Iglesia tras la Contrarreforma.

La arquitectura barroca buscó maximizar los efectos visuales y sensoriales del espacio mediante la manipulación de la luz, el color y el detalle. Su esencia radica en la liberación espacial de las normas tradicionales, rompiendo con las reglas geométricas y estáticas del Renacimiento y el Manierismo. La estructura dejó de ser protagonista para ceder el enfoque a la decoración, los efectos visuales y la teatralidad, creando un vínculo entre la realidad y la ilusión.

La expresión artística barroca abarcó elementos como la asimetría, la multiplicación de efectos escenográficos y la movilidad del espacio, todo ello dirigido a generar un impacto emocional. En el ámbito urbano, introdujo conceptos como el punto focal, el recorrido y la plaza simbólica, consolidando un urbanismo dramático y monumental.

Esta etapa se caracterizó por su capacidad de integrar lo natural y lo construido, difuminando límites y generando una experiencia estética total, donde la fantasía y la mutabilidad jugaron roles esenciales en la percepción del espacio.

Gian Lorenzo Bernini 1598 – 1680

Gian Lorenzo Bernini, nacido en 1598 y fallecido en 1680, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano que se convirtió en el máximo exponente del Barroco en Europa. Su obra se caracteriza por perseguir el impacto emocional y por integrar magistralmente la arquitectura, la escultura y la pintura para crear composiciones cargadas de simbolismo y dramatismo.

Uno de sus trabajos más destacados es la Capilla Cornaro, donde transformó el espacio en un pequeño «teatro» para enmarcar el éxtasis de Santa Teresa. Este conjunto, que incluye esculturas, frescos y efectos de luz cuidadosamente diseñados, ejemplifica su capacidad para convertir el arte en una experiencia inmersiva. Con el uso de tonos cálidos y contrastes de luces y sombras, Bernini creó una atmósfera de intensa emotividad que dirige la atención hacia el punto focal de sus composiciones.

Otro de sus logros emblemáticos es la plaza de San Pedro en el Vaticano. Este espacio monumental combina columnas toscano-dóricas que simbolizan los «brazos maternales» de la Iglesia, envolviendo a los visitantes en un ambiente de bienvenida y solemnidad. La disposición de la plaza, con un diseño elíptico y trapezoidal, marca los ejes principales mediante fuentes y un obelisco central, logrando una armonía visual que enaltece la majestuosa fachada de la basílica de San Pedro.

Bernini también experimentó con elementos como los frescos ilusionistas, donde ángeles y cielos abiertos ampliaban la sensación espacial, integrando arte y arquitectura de manera única. Su legado radica en su habilidad para unir la técnica artística con una profunda comprensión del espacio, creando obras que siguen siendo referentes de la creatividad barroca y de la capacidad del arte para conmover.

Francesco Borromini 1599 – 1667

Francesco Borromini, nacido en 1599 y fallecido en 1667, es reconocido como uno de los arquitectos más originales y revolucionarios del Seiscientos. Su obra se basó en la utilización de elementos geométricos básicos como triángulos, círculos y elipses, que transformaba y manipulaba mediante prismas, cilindros y casquetes esféricos para dar lugar a espacios innovadores y únicos. Estas características lo convirtieron en un referente admirado en la historia de la arquitectura.

Entre sus creaciones más destacadas se encuentra la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, donde la fachada sinuosa y cóncava crea un diálogo con el entorno urbano, mientras que la planta, organizada a partir de una elipse longitudinal, define un eje central que guía al visitante. En San Ivo alla Sapienza, Borromini incorporó triángulos equiláteros y formas circulares que organizó en una estrella de David. Esta estructura geométrica se traduce en un espacio central rodeado de lóbulos que terminan en ábsides semicirculares, logrando un efecto armónico y dinámico.

En el Palazzo Spada, el arquitecto diseñó una galería con una impresionante falsa perspectiva. Utilizó columnas que decrecen en tamaño y un suelo inclinado para crear la ilusión óptica de una galería que aparenta medir 37 metros de longitud cuando, en realidad, tiene solo 8 metros. Este juego visual es uno de los ejemplos más destacados de su habilidad para desafiar las percepciones espaciales.

Borromini fue un innovador que rompió con las convenciones arquitectónicas de su tiempo, utilizando la geometría y la manipulación del espacio para crear obras cargadas de simbolismo, emoción y funcionalidad. Su legado sigue siendo fundamental para comprender la evolución de la arquitectura barroca.

ROCOCÓ s. XVIII

El Rococó, desarrollado durante el siglo XVIII, surge como una moda artística en los ambientes cortesanos franceses. Se caracteriza por su enfoque en la frivolidad y superficialidad, empleando decoraciones minuciosas y refinadas con el objetivo de sorprender y ostentar. Esta corriente artística buscaba crear un ambiente de ensueño, cálido y sofisticado en los interiores, contrastando con las condiciones exteriores de suciedad e insalubridad propias de la época.

Una de las principales características del Rococó es el uso de la escayola como un elemento que envuelve el espacio interior, definiendo ambientes sin revelar la estructura que los soporta. Este material permite una manipulación sutil de la iluminación natural, dando lugar a atmósferas ligeras y etéreas. Sin embargo, esta desconexión con la estructura real del edificio refleja un deseo de desligarse de las normas estrictas del Barroco anterior.

Aunque fue admirado en su momento por las clases privilegiadas, el Rococó también despertó críticas y descontento en otros sectores de la sociedad, al ser percibido como un símbolo de exceso y desconexión con las realidades sociales. Este malestar contribuiría a las tensiones que culminaron en la Revolución Francesa.

NEOCLÁSICA s.XVIII – XIX

El Neoclasicismo, desarrollado entre los siglos XVIII y XIX, surge en un momento de confusión y cambio histórico, coexistiendo con corrientes como el Rococó, el Romanticismo y el inicio de la Revolución Industrial. Este periodo se caracteriza por una vuelta a los valores de la Ilustración, con un énfasis en el conocimiento objetivo y el estudio científico de la historia. Las excavaciones de Pompeya y Herculano y la publicación de tratados de arte antiguo marcaron el auge de la arqueología.

Durante el Siglo de las Luces, se promovió una arquitectura racional influenciada por autores clásicos como Vitruvio. En Francia, hacia 1760, surgió un cambio hacia un estilo más austero y estructurado, en oposición a los excesos del Barroco y el Rococó. El Neoclasicismo retomó los valores del Renacimiento, pero enfocados en principios greco-latinos y en una estética regida por la razón y el orden.

El estilo neoclásico enfatizó el servicio público y las funciones educativas de los edificios, inspirándose en la ágora griega y en estructuras como las STOAS. De este contexto nace el museo moderno con una planta racional, dedicada a funciones específicas, como la pintura o la escultura.

Entre los arquitectos destacados se encuentran Etienne Louis Boullée y Claude Nicolas Ledoux, quienes introdujeron la idea de la «arquitectura parlante», con formas geométricas puras y diseños visionarios que buscaban transmitir ideas simbólicas y funcionales.

SIGLO XIX

La industrialización del siglo XIX generó un aumento poblacional y un fenómeno migratorio hacia las ciudades, transformando profundamente el entorno urbano. Se derribaron murallas y se expandieron barrios industriales y obreros, acompañados por la aparición de nuevas tipologías arquitectónicas como naves, estaciones, hangares, mercados y infraestructuras sanitarias.

Los nuevos materiales constructivos como el hierro colado y el cristal fueron proporcionados por la industria, marcando una revolución técnica. Además, se fundaron escuelas politécnicas y se organizaron exposiciones internacionales para experimentar con materiales y formas novedosas.

La arquitectura de la industrialización se asoció a las tipologías funcionales, como pabellones y estaciones. Sin embargo, frente al espíritu industrial que generaba alienación y angustia, surgió un deseo de evasión que se tradujo en movimientos historicistas (Neo-Gótico, Neo-Egipcio, Neo-Románico) y exotismos (Neomudéjar, Neohindú). Paralelamente, el Eclecticismo combinó múltiples estilos arquitectónicos.

A mediados del siglo XIX, una nueva visión del arte más realista evidenció las condiciones de la sociedad con crudeza. Así nacieron el Realismo, el Impresionismo y el Postimpresionismo, reflejando un enfoque crítico hacia la realidad social y económica.

SIGLO XX

El Art Nouveau, Modernismo, Liberty y Jugendstil se desarrollaron bajo un espíritu optimista de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, influenciado por el bienestar de la burguesía industrial en la Belle Époque. Este movimiento rompió con los historicismos, adoptando líneas limpias, curvas y ondulantes, inspiradas en la naturaleza (Organicismo) y en el arte oriental, a la vez que simplificaba las formas hacia la bidimensionalidad (corriente Geométrica).

Aunque rompió con el pasado, incorporó influencias como el japonismo, el simbolismo romántico y la producción artesanal promovida por Ruskin y Morris, que mantenían un vínculo con el medievalismo.

LAS VANGUARDIAS

La apertura a otras culturas y civilizaciones (africana, amerindia, australiana, etc.) reflexionó sobre las convenciones artísticas occidentales. Surgieron movimientos de Vanguardia como el Fauvismo, Expresionismo, Cubismo y Futurismo, proponiendo nuevos enfoques.

Después de la Primera Guerra Mundial, las vanguardias buscaron alejarse de la realidad cruda del mundo mediante la provocación y la ridiculización de la cultura occidental. Esto dio lugar a movimientos como el Dadaísmo, Surrealismo, Abstractismo, Constructivismo y Neoplasticismo, entre otros.

ART NOUVEAU – MODERNISMO

El Art Nouveau, conocido como Modernismo en España, surge como un «arte nuevo» que en París se denominó Art Nouveau. Este movimiento tuvo una duración breve, extinguiéndose hacia 1910 debido al elevado costo de los productos artesanales que promovía.

En Valencia destacan obras modernistas como la Estación del Norte (Demetrio Ribes), el Mercado de Colón (F. Mora) y la Casa Ferrer. En Cataluña, a finales del siglo XIX y principios del XX, el Modernismo florece con Antonio Gaudí como figura clave. Este arquitecto, tras una etapa modernista, desarrolló una arquitectura propia de Cataluña basada en la tradición mudéjar catalana y el pasado medieval.

Victor Horta, en la Casa Tassel, diseña una escalera con peldaños de madera sostenidos por una estructura metálica similar a un árbol. En los muros, utiliza dibujos esgrafiados y barandillas de diseño curvilíneo, resaltando la naturaleza orgánica del estilo.

William Morris, fundador del movimiento Arts and Crafts, rechazó la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura. Abogó por un retorno a la artesanía, donde el diseñador tuviera el estatus de artista, como en la Edad Media.

Por su parte, Charles Mackintosh, junto a las hermanas Macdonald (Los Cuatro), creó la Escuela de Glasgow, unificando diseño, arte y decoración en un estilo inspirado en motivos florales y formas curvas.

El Modernismo fue una reacción contra el historicismo, apostando por una estética nueva, con líneas limpias y ornamentación inspirada en la naturaleza.

EXPRESIONISMO, CUBISMO, FUTURISMO 1900 – 1914

La difusión de la fotografía, que representa fielmente la realidad, ayudó a desmitificar el arte realista, replanteando el arte plástico. Estos nuevos planteamientos también se reflejaron en la arquitectura.

El expresionismo arquitectónico construye con formas distorsionadas y dinámicas para expresar el espíritu más que la racionalidad. Ejemplo de ello es la Casa Milà de Gaudí, donde el uso de distorsiones afecta a todo el edificio, desde las fachadas hasta las cubiertas. Esto marca una etapa expresionista del arquitecto antes de su consolidación en la dirección de su estilo personal.

Mendelsohn, como máximo exponente del expresionismo alemán, diseñó la Torre Einstein, una obra escultural y monolítica que casi parece una pieza plástica, como homenaje a Albert Einstein y su futuro universo.

Por su parte, el cubismo traduce su visión simultánea a la arquitectura con ejemplos como Gropius, quien trabajó en superficies articuladas que eliminan las separaciones entre exterior e interior. Asimismo, Le Corbusier desarrolló el concepto de promenade architecturale, donde el factor tiempo influyó en el recorrido arquitectónico. Este estilo es clave en la percepción espacial, permitiendo múltiples puntos de observación.

El futurismo en arquitectura se refleja en un interés por el «movimiento» y la mutación del espacio arquitectónico en el tiempo. Este enfoque enfatiza el uso de líneas horizontales y oblicuas que expresan velocidad y dinamismo. Aquí, la tecnología de las máquinas juega un papel destacado. Ejemplos paradigmáticos de este estilo son obras de Niemeyer y Sant’Elia, quienes integraron estas ideas en sus diseños.

SURREALISMO, ABRACTISMO,… 1913 – 1932

La arquitectura del constructivismo se caracteriza por rechazar la ornamentación burguesa y priorizar una geometrización abstracta basada en la simplicidad y la funcionalidad. El uso de materiales modernos y la búsqueda de espacios diáfanos reflejan ideales comunistas. El neoplasticismo, por su parte, propone composiciones ortogonales puras, buscando equilibrio entre esencia y forma, influido por artistas como Rietveld.

El racionalismo, desarrollado en Alemania a través de la Bauhaus, enfatiza la funcionalidad, serialidad y economía, marcando el nacimiento del Movimiento Moderno. Le Corbusier añade sus «cinco puntos de la nueva arquitectura» como pilares fundamentales del diseño funcionalista.

POSGUERRA 1950 – 2000

La arquitectura de posguerra desde 1950 se caracteriza por la necesidad de enfrentarse al legado del Movimiento Moderno, generando una dualidad entre continuidad y revisión. En las décadas de los 50 y 60, surgen propuestas que ven la arquitectura como objeto escultórico, con figuras como Luigi Nervi, Félix Candela y Jørn Utzon, quienes critican el funcionalismo por su falta de humanidad y adaptabilidad cultural.

Desde los años 60, la arquitectura entra en una etapa de revolución y experimentación, con tendencias como el deconstructivismo, high-tech, neo-brutalismo y biomorfismo. Este periodo prioriza la individualidad del arquitecto, la sostenibilidad y una conexión más cercana con las sensibilidades sociales y ambientales. Encerrar a los arquitectos de esta época en un único estilo es un error, dada la diversidad y riqueza de las propuestas arquitectónicas.

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